Seguramente existen diversas formas de presentarse.
Lo evidente sería empezar por “quién soy”. Contar mi nombre, mi trabajo, estudios, las cosas que me gustan o aquello que ocupa mis días.
Pero, si soy honesta, no me apetece dejarles mi currículo.

Soy quien escribe este proyecto.
Una curiosa.
Creativa.
Optimista por la vida.
Y profundamente sensible.

¿Y por qué escribo?

La verdad, no sé exactamente en qué momento aparecieron esas ganas de escribir, de dibujar, de construir cosas, de materializar lo que pasa por dentro.
Lo que sí sé es que, desde hace mucho tiempo, mis manos han estado entre mi sentir y yo.
Han sido una especie de puente, una manera de conectar conmigo misma.
Mover las manos siempre ha sido mi forma de aterrizar aquello que no sabía explicar.
A veces construyo.
Otras veces escribo o dibujo.
Pero, en el fondo, siempre estoy intentando hacer lo mismo, darles un lugar a las cosas que todavía no tienen forma.

Escribir es calma, consuelo.
Cada vez que empiezo un texto —o cada vez que termino uno— ocurre algo difícil de explicar.
Es un suspiro.
Un alivio.
A veces también una pequeña melancolía.
Como cuando llegas a casa después de un día particularmente complejo.
Preparas algo tibio para beber.
Reconoces el olor de tu hogar.
Te sientas.
Y, durante unos minutos, el mundo deja de hacer ruido.

Así se siente escribir para mí.
Algo sale.
Queda en el papel o en el teclado.
Cierro los ojos.
Los hombros descansan.
La mandíbula deja de estar tensa.
Los brazos se aflojan.
Y, por un instante, siento que puedo mirarme desde afuera.
A veces lo que aparece pesa.
Otras veces me hace reír.
Pero, de una forma u otra, necesitaba salir.

¿Quién soy?

Quizá lo iremos descubriendo en los escritos que vaya dejando por aquí.
Porque este proyecto pretende acompañar pensamientos que normalmente no decimos en voz alta.
Aunque, siendo sincera…
creo que ustedes terminarán acompañándome mucho más a mí.

Scroll to Top